Enero es el mes del dominio público, ya que en este mes entran en esta categoría las obras que han agotado el monopolio que otorga la ley a los autores y beneficiarios. Sin embargo, entre quienes se dedican a cuidar y administrar los derechos de autor, el dominio público no tiene muy buena fama, a mi considerar, erróneamente.

El dominio público no solo es importante, sino necesario. Es lo que posibilita las nuevas creaciones, el avance de la cultura, las ciencias, la educación. Al hacer posible el uso de las creaciones de forma abierta y libre, es lo que permite la circulación de conocimiento y obras que sirven como sustrato para el acto creativo mismo.
Imaginemos por un momento un mundo sin dominio público; ergo, todas las creaciones estarían a perpetuidad sometidas a la necesidad de autorización para su uso, bajo pago o no por dichos derechos. Esto afectaría a la totalidad de las obras, así que nadie podría inspirarse en la Ilíada, en el Quijote o en componer basado en Beethoven o incluso, ¿por qué no?, utilizar el lenguaje, ese vehículo de transmisión de ideas, que está compuesto por creaciones colectivas o individuales.
Para cada uno de estos usos necesitaríamos permiso de los últimos herederos de una larga línea que se remontaría en algunos casos a los albores de la historia humana.
Si extendemos un poco el ejercicio, incluso las herramientas estarían bajo régimen de control de uso, por lo que el lápiz, un cuaderno y cada objeto cotidiano, haciendo tan costoso el acto de crear que podría ser inhibidor para muchos.
Los autores merecen recompensas por sus creaciones. Es innegable. Pero esta recompensa no puede ir en detrimento de futuros autores. Porque así como la cultura popular, el compendio de obras en dominio público, sirve al autor para, en mayor o menor medida, influir en su obra de tantas formas posibles, así mismo su obra, una vez creada, pertenecerá con el tiempo a ese dominio público que servirá de sustrato, de influencia en mayor o menor medida, a futuras obras.
Celebrar nuevas obras que entran al dominio publico es celebrar una cultura mas grande, mas robusta, con mas conocimiento a disposiciones de las futuras generaciones de creadores y autores.

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